La crónica tiene algo de ‘road movie’, pero no se aprovecha de las persecuciones. Tiene mucho de biografía pero evita detalles innecesarios o estentóreos comentarios Boswellianos. La crónica obliga una, y excúsenme por utilizar semejante combinación hoy ya caída en oxímoron, rigurosidad periodística, pero también requiere de una gracia y ritmo de la que bien pueden prescindir los relatos formalmente informativos, como habitualmente lo hacen. Tal vez por estas implicaciones el género ha sido casi abandonado en la actualidad. Sin embargo, para mi grata sorpresa, alguien me acerco un libro genial* aun no envejecido aunque cuenta ya con algo más de veinte años de publicado.
Para agregar aun más dificultad, el autor, un antropólogo inglés, refiere su crónica a sus días en Camerún, durante un trabajo de investigación etnográfica con la tribu dowayo, siendo este ultimo detalle tan, sino más, infrecuente hoy en día como el género literario al que se entrega, pues la etnografía, o al menos la parte más incomoda de dicha ciencia y por tal la más interesante supongo, está destinada a desaparecer en manos de la globalización, las comunicaciones, y las cadenas francesas de hipermercados.
Nigel Barley, se doctoró en antropología en Oxford, fue (o es quizás) docente de dicha casa de estudios, y es conservador especializado en Africa septentrional del British Museum. Habiendo pasado algún tiempo como investigador de escritorio, se propuso realizar un trabajo de campo, y para ello eligió, algo convencido por propios y extraños, el estudio de una tribu del Camerún llamada Dowayo. En el libro relata, de un modo particularmente divertido, las aventuras y desventuras con esta gente, con la burocracia del gobierno camerunés, con su propio aburrimiento, y hasta, como referencia mínima pero menos que tangencial, con la Italia ‘civilizada’ con la que se encuentra al regresar de su viaje. El impacto del choque de culturas, más evidente para él mismo que para sus hospedantes; su relación con el jefe de la tribu; sus diferencias intestinales con el arte culinario local; las dificultades de despertar algún interés como para lograr relatos ricos en detalles importantes sobre cosas que para esta gente eran habituales y hasta obvias, y para el investigador son datos centrales de la investigación; sus estudios lingüísticos, sus viajes a la ‘ciudad’ en el jeep al que dedico el libro; y todo esto, sin perder de vista el objeto de la investigación. Un libro apasionante y de fácil lectura, por su gracia y ritmo, que sin embargo, atesora profundas reflexiones acerca de la singularidad de los pueblos.
*Gracias Manu

